Hablamos con..María Alonso Dueñas sobre ” Deporte y cáncer de mama”

Hola a tod@s! Después de un verano muy atípico, volvemos con una de nuestras secciones Hablamos con…
La entrada de hoy tratará sobre un tema que creemos muy importante, “Deporte y Cáncer “
Para ello contamos con María Alonso Dueñas, Coordinadora del Programa de Ejercicio Físico Oncológico en GEICAM. Licenciada en CC. de la Actividad Física y del Deporte con más de 10 años de experiencia en entrenamiento personal, doble especialización en Ejercicio Físico y Cáncer de Mama y Docente de la “Especialización en Ejercicio Físico y Paciente Oncológico de la Universidad Autónoma de Madrid”

¿Crees que es importante realizar actividad física en pacientes con cáncer de mama?

Desde hace aproximadamente 20 años ha habido una evolución creciente sobre el conocimiento del impacto del ejercicio físico en el paciente oncológico. Esta evidencia científica pone de manifiesto los beneficios del ejercicio físico a lo largo de las distintas etapas de la enfermedad, mejorando la calidad de vida (como la fatiga y el estado de ánimo) y el pronóstico, ya que puede disminuir el riesgo de recaída.
En 2018, se convocó la última Mesa Redonda Multidisciplinar Internacional del Colegio Americano de Medicina Deportiva (ACSM de sus siglas en inglés, The American College of Sports Medicine) sobre Actividad Física, Prevención y Control del Cáncer, que reunió a un grupo internacional de profesionales y organizaciones dedicadas al ejercicio físico y rehabilitación, con el objetivo de actualizar las recomendaciones basadas en la evidencia actual. Como resumen, podemos decir que concluyeron, después de todas las revisiones de los estudios publicados hasta la fecha que, “en general, el entrenamiento es una actividad segura para los pacientes con cáncer y que estos pacientes deberían evitar la inactividad. Se dispone de evidencia suficiente para concluir que dosis específicas de entrenamiento aeróbico, entrenamiento de fuerza o una combinación de ambas, pueden mejorar aspectos de la salud relacionados con el cáncer, como ansiedad y síntomas depresivos, así como la fatiga, la capacidad física y la calidad de vida”.
Además creo que el ejercicio es una herramienta para que los pacientes sientan que también está aportando algo más a sus tratamientos y ser proactivos a lo largo de la enfermedad.

¿Qué beneficios puede tener una actividad física regular?

Hay evidencia suficiente que demuestra que el ejercicio puede reducir significativamente la fatiga relacionada con el cáncer, la ansiedad y los síntomas depresivos, tanto durante como después de los tratamientos; centrándonos en la fatiga relacionada con el cáncer, pueden consultarse los metaanálisis de Puetz y colaboradores del 2012 y de Mustian y colaboradores del 2017. Además, produce mejoras en la calidad de vida, la función física y la calidad del sueño.
Respecto a la salud ósea, podemos afirmar que el entrenamiento de fuerza es la modalidad más eficaz para mejorarla, pero dada la posibilidad de que los pacientes sufran de osteopenia, osteoporosis o metástasis óseas, mi recomendación es que este tipo de ejercicio sea supervisado por un profesional.
La capacidad del ejercicio para prevenir o mejorar la cardiotoxicidad es un campo de investigación emergente con resultados prometedores, pero se necesitan más estudios para comprender el impacto de los distintos tipos de tratamientos para los distintos tipos de cáncer y las prescripciones de ejercicio sobre la función cardíaca y vascular.
Se ha visto también que el entrenamiento de fuerza es eficaz y seguro para reducir el riesgo de linfedema; este último punto se puede constatar gracias a la última revisión sistemática de Hasenoehrl y colaboradores del 2019.
Otros aspectos importantes como la tolerancia a los tratamientos, la neuropatía periférica inducida por quimioterapia, el dolor, las náuseas y la función cognitiva tienen una evidencia prometedora aunque insuficiente, por lo que se necesitan más estudios para llegar a unas conclusiones consistentes.

¿Qué tipo de ejercicios recomiendas y en qué frecuencia?

Se recomienda un mínimo de 150 minutos/semana de ejercicio de intensidad moderada (me cuesta hablar mientras la realizo) o 75 minutos/semana de alta intensidad (la respiración no me permite hablar mientras la realizo).
Las sesiones podrían estructurarse por ejemplo en 2-3 días por semana de entrenamiento aeróbico durante 20-30 minutos, y 2 días por semana de entrenamiento de fuerza, que incluyan 2 series de 8-15 repeticiones para grupos musculares grandes como piernas o espalda.
Además de lo comentado, recomiendo realizar ejercicios de movilidad articular y estiramientos, tanto de tren superior (hombros y brazos) como de tren inferior (cadera y rodillas), para evitar posibles acortamientos de la musculatura que a la larga ocasionen lesiones, dolores o posiciones cifóticas (es decir, una curvatura excesiva en la zona de la columna a nivel torácico).

Te adjuntamos la propuesta de GEICAM para empezar a realizar ejercicio adaptado.

¿Qué ejercicios crees que están desaconsejados?

Tenemos que tener mucha cautela si existen metástasis óseas, osteoporosis u osteopenia; en estos casos debemos tener mucho cuidado con los ejercicios de impacto y con los ejercicios de fuerza, por lo que recomiendo encarecidamente la supervisión de un profesional del ejercicio especializado en esta enfermedad para controlar la intensidad y progresión de la carga de trabajo.
Así mismo, el paciente debe evitar posiciones en las que nuestros brazos estén mucho tiempo orientados hacia el suelo, ya que esta posición no ayudará al retorno linfático y podría favorecer la aparición de linfedema en el brazo afectado.

¿En caso de linfedema, hay algún ejercicio que pueda mejorar los síntomas?

Ante la aparición de linfedema, recomiendo siempre que el paciente acuda a un fisioterapeuta especializado para que pueda evaluar la evolución y la actuación necesaria.
En este caso, un programa de entrenamiento de fuerza progresivo centrado en grupos musculares grandes, realizado 2-3 veces por semana bajo el principio de “comienzo bajo, progreso lento” es seguro siempre que sea supervisado por un especialista (Fisioterapeuta o Educador Físico Deportivo dependiendo de la fase en la que se encuentre el paciente).
El sistema linfático carece de una bomba central (como el corazón en el sistema cardiovascular), por lo que la contracción del músculo ayuda a mover la linfa a través de los vasos. Después de realizar cualquier ejercicio de fuerza con los brazos, recomiendo realizar ejercicios de bombeo para favorecer la circulación linfática; para ello, debemos colocar las manos a la altura de la cara, y abrir y cerrar las manos 10 veces.

María Alonso Dueñas y Hugo de la Rosa Toro

Por | 2020-10-04T12:30:07+01:00 04/10/2020|Categorías: Hablamos con...|Etiquetas: , , , , |Sin comentarios

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